¿Seremos los traductores reemplazados por ordenadores?
El tema que quiero abordar no niega el hecho de que dependo de la tecnología e informática y admito abiertamente que las necesito y disfruto además de recomendar su utilización aprovechando al máximo todas las herramientas y programas que faciliten nuestro trabajo. Los sistemas de traducción por ordenador no son nuestros rivales sino fabulosos instrumentos que complementan nuestras habilidades y nos permiten incrementar nuestra productividad en cuanto a la velocidad y el volumen, especialmente en las traducciones técnicas, pero cabe recalcar que la información traducida mecánicamente debe ser tomada como un esbozo que necesariamente será revisado y corregido por la persona a cargo de la traducción.
Es cierto que el poder de procesamiento y la alta capacidad de memoria de los ordenadores permitirán que la tecnología maneje tareas increíblemente complicadas y extensas las cuales, sin lugar a dudas, harán que la comunicación con cualquier persona sea posible aún en lugares remotos como el Tíbet, el Amazonas o la Patagonia pero de ninguna manera podrá lograrse que un sistema electrónico pueda reemplazar la fina, precisa, intricada y sofisticada red de información que puede manejar el cerebro humano en el caso de la traducción.
Obviamente que continuarán los esfuerzos para desarrollar programas o conjuntos de técnicas, a través de investigaciones y pruebas llevadas a cabo por miles de personas en el transcurso de los próximos años y con el consecuente gasto que ello conlleva, que entiendan y traduzcan las sutilezas intrínsecas de los idiomas.
Sin embargo, no creo equivocarme al aseverar que será imposible sustituir a un traductor debido a la sutileza y complejidad del lenguaje. Hasta en un párrafo poco complicado las variables a considerar son numerosas: el contexto, la armonía, el tono, el significado entre líneas, las connotaciones culturales, la sintaxis, la reflexión, el estilo, el uso, la terminología y la semántica, todos hábilmente manejados por el humano y de forma simultánea pero imposibles de reproducir por una computadora. El cerebro humano nos permite realizar acciones y tener comportamientos que no pueden reducirse a algoritmos. (¡Somos irremplazables!)
Todo esto se puede decir de los idiomas hermanos (cercanos) al español como son el italiano, francés, portugués, catalán, gallego, etc. O idiomas menos cercanos como el inglés, alemán. Y ni qué decir de los idiomas lejanos como el idioma vasco (vascuence) donde el orden de las palabras, verbo, sujeto, complemento, artículo, etc. es completamente diferente, las preposiciones y los artículos se convierten en sufijos, los números se cuentan por veintenas, expresiones que traducidas literalmente a otro idioma no tendrían ni pies ni cabeza o resultarían cómicas.
Y si nos alejamos más, tenemos idiomas con alfabetos diferentes (chino, japonés, coreano, tailandés, etc.) donde el texto se escribe sin separación entre palabras. Las variantes y las diferencias que tienen que analizar en estos casos los ordenadores son enormes.
Solamente los humanos (de momento) poseemos la capacidad de análisis para determinar con precisión el significado de una idea hecha palabra en un idioma y presentarla de la manera correcta en otro. Los únicos profesionales capaces de manipular sistemas y herramientas de traducción mecánica extremadamente complejos, cuyo objetivo es reemplazar a los traductores son, irónicamente, ¡Traductores!
Paulina Torres De Witt
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